Vigésima Espartaqueada, una llama de esperanza

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Por: Osvaldo Avila Tizcareño

Dirigente Antorchista de Zacatecas

Una panorámica general. Crece exponencialmente la inseguridad, pues fueron más de 36 mil muertes violentas las que se contaron en el 2019 haciéndolo el año más cruento de la historia; el transito del extinto Seguro Popular al INSABI resulta un auténtico calvario para quienes carecen de solvencia económica para enfrentar padecimientos crónico degenerativos; el alza sostenida de los productos es la tónica de todos los días lastimando la de por si compleja situación de las mayorías.

Por otra parte, los desorbitados gravámenes generan descontento social y lanzan a la protesta pública a los trabajadores (la semana anterior los trabajadores de cableados encabezados por su líder Petra García dieron muestras de combatividad); la carencia de recursos para la construcción de obras básicas es lo respuesta reiterada de los Alcaldes de todos los partidos; los embarazos de adolescentes que sitúan a nuestro estado en los deshonrosos primeros lugares; la peleas internas en los partidos llevan a la confrontación permanente y la consabida guerra sucia y  el correr de los días acentúa la pugna por el  poder con miras a las elecciones intermedias del 2021, en fin un maremágnum de problemas que se ceban sobre la clase  trabajadora que sufrida, abnegada y tesonera por antonomasia asume con resignación las adversidades y las enfrentan día a día.

Y ante esta hecatombe que no constituye ninguna exageración y baste con cuestionar a cualquier colono de un fraccionamiento popular o de una comunidad rural para constatar la veracidad de lo anterior, el Movimiento Antorchista continúa en su labor permanente de educar y organizar al pueblo trabajador, sin duda una tarea titánica pues en una sociedad como la nuestra dividida en clases en donde la solidaridad, la fraternidad, el espíritu de triunfo, la disciplina  y sobre todo el trabajo en equipo son valores que no se promueven pues resultan letales  a los intereses de los poderosos.

En ese marco la formación integral del hombre es una tarea fundamental para cumplir la tarea educativa que nos hemos planteado, por ello el deporte y la cultura constituyen una herramienta fundamental para ese propósito, por ello con el nombre del legendario esclavo romano “Espartaco” y como un canto libertario, año con año celebramos encuentros deportivos y culturales que alternadamente congregan a deportistas y artistas de todas las edades.

El pasado sábado arrancó nuestra justa deportiva con un colorido desfile donde participaron, jóvenes, niños y adultos que disputan en el campo de batalla la anhelada presea aurea, la pasarela concluyó con un  espectacular programa a cargo de los grupos culturales nacionales que nos trasladaron hasta Brasil con canciones y bailes de aquella nación, en una plaza de toros a reventar con un público eufórico, entusiasta y atento que escuchó con ansias y disciplina cuasi militar el discurso nuestro dirigente nacional, el Maestro Aquiles Córdova Morán. Quienes estuvimos presentes en este evento salimos extasiados y conmovidos por lo ahí observado. Han transcurrido los primeros días de nuestro evento deportivo, por las calles de Tecomatlán circulan a paso veloz los participantes que se presentan a la cancha de basquetbol, futbol o la pista de atletismo a mostrar sus capacidades y competir fraternamente con sus hermanos de lucha.

Mientras veía embelesado el desfile y el programa cultural, llegó a mi teléfono celular un mensaje de un compañerito (un poco insolente, por cierto) que me decía ¿Por qué no parpadea?, la pregunta me generó una carcajada sonora y compartí con quién estaba a mi lado. Más tarde como muchas veces me sucede, reflexioné sobre lo acontecido, ¿Qué efecto tuvo sobre mí el evento? ¿Cómo se hizo perceptible a los demás?, ¿Qué sentimientos despertó? Concluí lo siguiente: El hombre nuevo puede formarse, de hecho ya está en proceso desde hace 46 años, el Maestro Aquiles trabaja sin descanso en esa tarea.

Pruebas de lo anterior son la disciplina del auditorio mayoritariamente compuesto por jóvenes que a diferencia de lo que se dice sobre su apatía ante la política escuchaban eufóricos,  incendiarios y profundos discursos políticos. ¿Qué más? La fraternidad de los participantes que lejos de pelear con individualismo y desbordado egocentrismo ponen en práctica sus capacidades buscando los primeros lugares o  admitiendo la superioridad del equipo competidor. Una más,  la sencillez y nobleza de entrenadores, cocineras, choferes, maestros y participantes  que se funden como un solo hombre para lograr un objetivo común.

Todo eso logra la Espartaqueada, al momento de encender la llama olímpica, no sólo arrancó nuestro evento, también en el corazón de los antorchistas se encendió la llama de la esperanza, se reafirmó la convicción y voluntad de seguir día a día trabajando, convocando al pueblo trabajador a luchar por transformar la realidad que nos aqueja.

Los males enumerados al principio no pueden ser un castigo divino con el cual debe cargar el pueblo como el mítico Atlas que recibió la tarea de sostener en sus espaldas al mundo ante la derrota sufrida por los titanes. No dudemos, los males son graves y complejos, pero de la entraña del pueblo surge la  solución a los mismos, la llama del antorchismo iluminará la patria entera. ¡La hora ha llegado!, ¡Aceleremos el paso!

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