La 4T no existe

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Por: José Arturo Ramírez Medina 

Nunca en la historia de la mal llamada cuarta transformación (también conocida como transformación de cuarta), un funcionario público dentro de sus corrillos había tenido el atrevimiento -pero sobre todo la razón- para afirmar, como acertadamente lo hizo Víctor Manuel Toledo que: «La 4T no existe y es un gobierno lleno de contradicciones».

Y es que, más allá de que a la brevedad el presidente salga a decir desde la tribuna de Palacio Nacional que “el Secretario no comprende el alcance y fines de la 4T” como lo ha hecho con las decenas de funcionarios que le han renunciado, lo cierto es que titular de la SEMARNAT tiene razón, pésele a quien le pese y gústele a quien le guste.

De entrada, la 4T no existe ni existirá sólo porque se encuentra en el ánimo popular debido a que comúnmente así identifiquemos al gobierno de López Obrador y/o a MORENA, tiene que haber razones de peso y no mediáticas para considerar que ésta mediocre administración puede estar a la altura, o más aún, por encima de las tres transformaciones anteriores.

No, de ninguna manera López Obrador y su gobierno han estado ni estarán por encima de la Primera Transformación que emanó de la Guerra de Independencia, ni de la Segunda con la Guerra de Reforma y mucho menos de la Tercera con un movimiento tan importante como la Revolución Mexicana. Así de simple, en el momento en el que López esté por encima de las anteriores transformaciones, con acciones y no con retórica, podremos hablar de que la 4T existe.

Por el antecedente de los casi dos años de gobierno y por el futuro incierto e inminentemente malo que nos espera, no habrá cuarta transformación, no por ahora, no en este sexenio; y es que, como en diversas ocasiones lo he sostenido y advertido, el país va cayendo en picada, peor que en el “despeñadero” (como lo llamaba el actual presidente) en el cual nos tenia sumidos Enrique Peña Nieto.

Son preocupantes las estadísticas y los récords negativos que ha roto e impuesto el Gobierno Federal actual. Como nunca en la historia moderna de México había existido una aversión por el respeto a los derechos humanos y a las instituciones del país, constantemente se ataca a los organismos defensores de derechos humanos, a las mujeres por la “falsa violencia” en su contra y por ningún motivo se recibe a las víctimas de desaparición forzada; los medios de comunicación en esta “era de las libertades” han sido víctimas constantes de los ataques que desde las mañaneras se lanzan todos los días, ataques que más allá de generar un desprestigio infundado pero palpable, causan polarización y atentan gravemente contra la libertad de expresión, ese principio supuestamente consagrado en los postulados de gobierno pero sobre todo en los personales de López Obrador.

Si en algunos aspectos la mal llamada cuarta transformación ha superado a las transformaciones anteriores es, por ejemplo, en la gran cantidad de homicidios dolosos que hay en nuestro país, el año pasado 2019 cerró como el año más letal del que se tenga registro en el país y el 2020 sin duda lo superará; se estima, en gran parte por causa del coronavirus pero también por la inacción, ineficiencia e ineficacia gubernamental, que para el cierre del 2020 México será el país con el mayor impacto en pobreza con 15.9 millones de personas más en esta situación, lo que sumaría ya 83.4 millones de mexicanos en esta condición de vulnerabilidad, casi el 65%.

Como nunca, aun desde antes de la pandemia, se habían perdido tantos empleos, se habían aumentado tanto los delitos y en particular los más sentidos como el feminicidio, tampoco se había visto una fuga macro de inversiones por un discurso que genera incertidumbre y mucho menos la sociedad de un país había estado tan dividida en una guerra civil auspiciada por un discurso que fragmenta las relaciones de los mexicanos entre sí.

López Obrador ha construido un personaje de si mismo que estaría bueno para la literatura clásica, se ostenta como un arquetipo y una figura de rebeldía, que lo que ahora sigue haciendo -ya en el poder- es “luchar” desde el discurso, pero sin resultados y sin acciones concretas. El reciclaje del discurso es su mayor habilidad y, el peor de sus defectos la falta de capacidad para gobernar.

El arquetipo del utópico López Obrador es seguir ostentándose como el luchador social que abandera a aquellos que aún lo apoyan por su discurso y que mantienen su buena calificación, pero que son aquellos mismos que lo apoyan a los que el presidente les ha dado la espalda, a quienes no ha sabido sacar de la pobreza, a quienes no se les ha otorgado un empleo o por lo menos garantizado una vida digna.

Los mexicanos votamos por acciones, no por discursos melodramáticos; pero en el pensamiento de López Obrador el mexicano que tanto ha aguantado por siglos, puede aguantar más.

¡No hay ni habrá, Cuarta Transformación!

* A menos de tres cuartas partes del sexenio, el gabinete presidencial sigue desmoronándose, y parece ser que el presidente se está quedando solo, más aún porque López Obrador no tolera que aquellos que por años lo acompañaron hoy se han convertido en sus principales opositores; algo han de ver, saber o conocer.

José Arturo Ramírez Medina

Lic. en Derecho y Mtro. en Ciencias Jurídicas por la Universidad Panamericana

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