¿Incongruencias de AMLO o estrategias mediáticas gubernamentales?

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Por: Osvaldo Ávila

Dirigente Antorchista de Zacatecas

Ateniéndonos a las leyes de la dialéctica formuladas por Hegel y reordenadas y sistematizadas por el gran teórico alemán Carlos Marx, ningún fenómeno debe verse como absoluto y por ende, la unidad existente  de la realidad da lugar a la coexistencia en un mismo momento, en una misma persona, en la naturaleza y el mundo circundante de aspectos contradictorios y absolutamente disímbolos que se presentan conviviendo, no uno después de otro, sino a la par en espacio y tiempo.

Quizá un estudioso y observador de las acciones del Presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) acuda a lo planteado anteriormente y por ende justifique así cada una de sus acciones, sin embargo puedo afirmar sin temor a equivocarme que nada de eso ocurre, que diariamente transitamos en el actuar de un individuo tozudo que se aferra a sus puntos de vista o transita sin ningún rubor al otro extremo en sus opiniones.

Pero estoy seguro también que buena parte de las acciones están motivadas por acciones premeditadas que tienen una clara intención de ocultar un error mayor o al menos llevar la discusión al terreno que conviene al Presidente de la República. Pese a lo anterior puedo  afirmar que existen claramente pifias y errores que ponen al descubierto la incongruencia y la doble vara muy común en su persona para cuestionar y calificar la conducta de los demás, pero incapaz de ejercer autocrítica y autogobernarse,  ¿ejemplos?; hay bastante tela de donde cortar.

Citaré tan sólo uno que me consta y del que tengo puntual evidencia. El pasado 7 y 8 de marzo AMLO efectúo la quinta visita a nuestro estado, un día antes de esta su servidor transitaba caminando por el bulevar López Portillo con  dirección a Guadalupe y observé a las afueras de un prestigiado restaurante que no es precisamente una fondita popular o un local de gorditas que se encontraban 6 camionetas Suburban que portaban un gafete de la Presidencia de la República, dentro compartían el pan y la sal altos funcionarios con el jefe del ejecutivo federal.

Una vez que la prensa dio cuenta del asunto de inmediato se abrió el debate, los defensores a ultranza se deshicieron  dando argumentos de justificación  del acontecimiento y vinieron también ataques que pusieron al  descubierto de nueva cuenta la doble vara y las maromas de los defensores de oficio. En virtud de que me consta el hecho quiero dar mi modesta opinión sobre el tema.

En primer lugar quiero destacar el llevado y traído discurso sobre la austeridad republicana, escuchamos hasta el hartazgo repetir que se acababa el dispendio, que en la actual administración no se usarían vehículos lujosos y viajarían austeramente, recuerdo aún la toma de protesta el 1 de diciembre de 2018 arribando a San Lázaro en un austero jetta, pues a decir del ungido no se requería ni de vehículos blindados, ni guardaespaldas pues el pueblo lo cuidaría. Todo eso quedó en el olvido, hoy por la patria entera ostentosos convoyes se mueven abriendo paso y resguardando al presidente, nadie en su sano juicio puede cuestionar la legitimidad y correcto de la medida, la seguridad de quien conduce los destinos de la patria es un asunto de primer orden, actuar en sentido contrario sería una absoluta irresponsabilidad y eso lo sabían bien desde antes de asumir el gobierno, pero se trataba de crear la percepción contraria apostando a la ingenuidad de la gente y a la frágil memoria, atrás quedó la campaña, se cumplió la misión y se cometió una vil y vulgar maniobra.

Quiero en segundo lugar referirme al prestigioso restaurante donde departían.  Una y otra vez como si en lugar de cumplir las funciones de gobernante se tratará de el juez de un concurso gastronómico el Presidente López Obrador se ha empeñado en presumir la riqueza culinaria de cada estado, va a Querétaro y aparece degustando barbacoa, transita por Oaxaca y presume tlayudas o chapulines, viaja por la carretera cerca de la costa y compra una agua de coco, incluso en otras visitas a Zacatecas ha consumido las tradicionales y deliciosas gorditas, se acabaron los dispendios, nada de lujosos restaurantes, nada de cuentas exorbitantes en alimentación de los funcionarios de primer nivel, ¿y luego?, las fotos sobre la comilona con todo el staff no fueron publicadas,  esas no deben figurar porque contradicen lo dicho con anterioridad y es conducta “fifí”. Aquí tampoco podemos dudar sobre tal consumo, obvio que tienen derecho y el que cuente con los ingresos para ello también puede hacerlo, ¿entonces porque ocuparse del tema?, sencillo, una sola razón, anteriormente eso era inadmisible, ahora es normal y cuestionarlo constituye un ataque con obscuros intereses de sus enemigos, ¡vaya, vaya cuanta incongruencia!

Hay sin duda otros hechos que servirían para demostrar los vaivenes gubernamentales, la rifa del avión presidencial, la recurrente respuesta de  “yo tengo otros datos”, los bandazos sobre la actual crisis de salud, los recurrentes improperios lanzados sobre “enemigos y mafiosos empresarios” a los que repentinamente les surgen “alas y aureola” (verbigracia, Salinas Pliego y Slim) y una montaña de hechos sobre los que hay evidencia gráfica o fílmica, en otro momento me ocuparé de ello, pero con lo anterior demuestro como se pretende engañar al pueblo, por ello resulta indispensable abrir bien los ojos, informarse y aprender a descubrir con elementos de juicio suficiente  a estos lobos con piel de oveja y sobre todo entender que el  único auténtico salvador será el pueblo mismo, pensar diferente nos llevará de tumbo en tumbo y no creo que nuestra patria pueda resistirlo. Al tiempo.

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