El estadista que México necesita

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Por: Jacobo Cruz Tobon

Considero que los problemas que se padecen en nuestro país se deben a que la riqueza social está mal distribuida. Pocas familias concentran riquezas que se pueden identificar como propiedades inmensas, grandes negocios, cuentas bancarias, vehículos de lujo, ropa de marca, joyas,  dinero en efectivo, etc., lo que les permite llevar una vida cómoda, llena de todos los satisfactores y de excesos, es decir, que además del buen comer, beber, vestir y divertirse pueden hacerse de otras tantas cosas superfluas para el resto, allí están los excesos de los barrigas llenas; mientras que en el otro extremo miles de mexicanos no pueden asegurarse un plato de frijoles y tortillas.  

Esta polarización de la sociedad mexicana está claramente diferenciada, en México sí hay clases sociales, se puede ver cómo; por un lado los dueños de los medios de producción se agrupan y organizan y por otro, tenemos a millones que no tienen más que su fuerza de trabajo para venderla a los primeros; y, que de la venta de su fuerza de trabajo reciben un salario miserable con el que se costean todas las necesidades del trabajador y su familia.

Vivimos en un modo de producción capitalista que se mantiene siempre buscando la máxima ganancia explotando a los obreros y jornaleros de la ciudad y del campo. Esta problemática ya tiene sus siglos en México y en el mundo y no es cosa nueva, pero sigue siendo una injusticia sobre los pobres.  

Por lo anterior los mexicanos comienzan a buscar una la solución en la democracia partidista y los institutos políticos presentan siempre a candidatos que se les adorna de oropel diciendo que “ellos tienen muchas cualidades y compromisos, son gente sensible y bien nacida que resolverá por sus buenas intenciones los problemas” y mediante el voto elegimos a quienes serán nuestros representantes por determinado periodo.

En el año 2000, Vicente Fox Quesada, político y empresario mexicano quien, postulado por el Partido Acción Nacional (PAN), se convirtió en Presidente de México del 1 de diciembre de 2000 al 30 de noviembre de 2006. Su elección marcó el final de un período de 71 años en el que todos los presidentes de México fueron militantes del Partido Revolucionario Institucional (PRI). La expectativa que generó al presentarse como ranchero afamado, bufón y rebelde que acabaría hasta con víboras, chinches y tepocatas dio confianza a la gente y votó por él. Después siguió Felipe de Jesús Calderón Hinojosa. El resultado de la alternancia ya todos lo conocemos, esas promesas ya las escuchamos.

Pues bien. Así llegamos al  desastroso gobierno del aún titular del ejecutivo federal Enrique Peña Nieto, que definitivamente no hizo lo esperado por los pobres de México. Cuando llegamos al proceso electoral 2018, los antorchistas sabíamos claramente que era una contienda electoral sumamente complicada, nos sumamos con gran entusiasmo a la campaña de los candidatos del PRI, dimos todo nuestro esfuerzo y sostengo que fuimos de los pocos leales al proyecto.

Ahora la alternancia la encabeza el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), el Lic. Andrés Manuel López Obrador, que ganó el 1 de julio con más de 30 millones de votos que lo legitiman en el ejecutivo.

Los antorchistas, como muchos más mexicanos, no coincidimos con varias de sus propuestas  porque no van al fondo de la problemática de México; porque la divergencia es parte de las libertades, pluralidad y de la democracia del país moderno. Aceptamos su triunfo y seguimos desempeñando las acciones políticas y organizativas como lo hacemos desde hace cerca de 45 años en todo el territorio nacional, nos sentimos muy mexicanos, con los mismos derechos y obligaciones de cualquier otro compatriota.

Sabemos que hay gente que tampoco coincide con la forma de desempeñar nuestra labor, pero gracias a los derechos consagrados en la Constitución Política, de los que nunca nos hemos separado, más de 2 millones de personas se han agremiado a nuestra organización para lo cual hemos trabajado en su politización, como se dijo, siempre en el marco de la ley.

Hace unos días, en gira de agradecimiento que el electo presidente está haciendo por el norte de la República, concretamente en el estado de Sonora, donde los antorchistas exigen que Claudia Pavlovich, su gobernadora cumpla con la promesa de introducción de servicios básicos y de edificación de obras públicas, el presidente López Obrador hizo declaraciones públicas a todo pulmón relativas  a que durante su Gobierno ya no habrá intermediarios, que ya no serán necesarias las organizaciones políticas como Antorcha Campesina, que despectivamente llamó “Antorcha Mundial”,  porque los apoyos llegarán directamente a los necesitados.

Esas declaraciones son por demás desafortunadas e impropias de quien debería estar llamando a la unidad de los mexicanos para enfrentar juntos los problemas que aquejan a millones de hermanos que nacimos y crecimos bajo el manto de la bandera nacional y que creemos merecer un trato digno. En la historia de Antorcha hemos recibido no sólo descalificativos sino ataques que han cobrado la vida de compañeros entrañables de la lucha. Nuestro presidente debe entender que ya no está en campaña, que esos tiempos ya pasaron y ahora es necesaria la unidad y la tolerancia política.

Por todo lo anterior reprobamos su actitud pues incitan al odio y desprecio de quienes pertenecemos a esta organización política y que militamos y pensamos de forma libre y que también buscamos el progreso de nuestros pueblos.

Los mexicanos necesitamos a un estadista, no a un vengativo y represor de quienes no concuerdan con sus ideas. Evítese, pues, una dictadura en México.

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