Del Salario mínimo al salario digno

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  • Recuperando el poder adquisitivo.

Según el Centro de Análisis multidisciplinario de la UNAM, de 1987 a la fecha (periodo caracterizado por la implementación de la política neoliberal), el precio de los alimentos ha aumentado en una proporción de 4 a 1, en comparación con el incremento a los salarios mínimos, lo que afectó directamente la suficiencia y calidad de la alimentación de las familias mexicanas.

En el marco de la renegociación del Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN), personalidades como Jerry Dias, presidente de Unifor, uno de los sindicatos más influyentes de Canadá, acusó una política salarial por parte de las autoridades mexicanas, tendiente a mantener artificialmente bajos los salarios en México, lo que generaba condiciones desiguales de competitividad.

Mucho tiempo se arguyó la vinculación del salario mínimo con las multas y la inflación para evitar un aumento significativo de los mismos. Afortunadamente la desindexación del salario mínimo preparó el terreno para que hoy la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (Conasami), avalara su incremento de $88.36, a $102.68 diarios.

Asimismo, Luisa María Alcalde, Secretaria del Trabajo, Informó que el salario mínimo en los municipios cercanos a la frontera con Estados Unidos subirá a $176.72 diarios partir del primero de enero, con lo que se pretende retener los flujos migratorios hacia el vecino país del norte.

Cabe mencionar que este incremento no se encuentra separado de un aumento en la productividad, como algunas opiniones han querido señalar, de hecho según el INEGI, tan sólo de 1993 a 2008 la productividad de los trabajadores de la industria manufacturera aumentó en 83.5%, mientras su salario en términos reales, disminuyó anualmente.

La política salarial que hasta hoy había regido se mantenía en abierta contradicción con el apartado A del artículo 123 constitucional, que mandata:

“Los salarios mínimos generales deberán ser suficientes para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia, en el orden material, social y cultural, y para proveer a la educación obligatoria de los hijos”.

Si bien este aumento sigue lejos de este objetivo consagrado en nuestra ley fundamental, marca un cambio radical en la política salarial del nuevo gobierno, encabezado por el presidente Andrés Manuel López Obrador, en consonancia con sus compromisos de campaña y dignificando la labor de la clase trabajadora.

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