Cuarentena responsable, amuletos y más

0
53

Por: Vladimir Saucedo

Colaborador 

La conciencia es fundamental en el ser humano, es por eso que del reino animal, el hombre está en la cúspide; el cerebro del resto de los animales no tiene la capacidad de conciencia y raciocinio. Hay muchas cosas que compartimos con los demás integrantes de nuestro reino, acciones que  nos hacen similares como eventos de felicidad, amor, angustia o miedo, pero hay otras que no posee ninguna otra criatura: me refiero a la solidaridad, al altruismo, a la sensibilidad, a la capacidad de crear, a la capacidad de discernir lo bueno de lo malo, o al amor en sí, — que no necesariamente se tiene que percibir como deseo sexual, o algo referente a una pareja conyugal, no, más bien al amor en todas sus manifestaciones–. Y claro, estos sentimientos se potencian con el arte y la cultura.

Pero muchas de las veces la forma con que uno adquiere conciencia es a través de los hechos, o sea, necesariamente tiene que pasar algo para creerlo y cambiar nuestros malos hábitos por otros mejores; y esto a diario lo vemos en la juventud pues en esta etapa de la vida es cuando el ser humano tiene el cerebro tan dispuesto a moldearse como si fuera un material plástico. Pero ¿qué es lo que vemos los jóvenes? ¿qué escuchamos, qué compramos, qué gustos tenemos? Y lo que responde a estas preguntas es: lo necesario para que este modo de producción capitalista se conserve y no pierda su esencia, esa que Carlos Marx detectó científicamente, la plusvalía (término que, por falta de espacio, no ahondaré), pero que este ideólogo consideraba como el trabajo no pagado al obrero en una jornada laboral a través de la venta de su fuerza de trabajo, además de exacerbar el egoísmo, el individualismo, el chantaje, la indiferencia y el abuso.

Entonces, a las clases adineradas de este país les conviene que el joven siga pensando con la esencia de capitalista, porque si deja de hacerlo dejará de consumir un sinfín de mercancías, además de que si junto con el pueblo toma conciencia de la explotación tendría en consecuencia que rebelarse contra ella y si esto sucede se estropean todas sus ganancias y todo aquello que se  robó mediante la explotación de la fuerza de trabajo al pueblo, se le devolverá y se le pagarán en verdad las 8 horas de trabajo a todos los obreros y asalariados.

Por eso todo aquello que eleve el nivel de conciencia en los jóvenes lo destruyen, para que el joven diga que sí a todo sin ver la verdadera esencia del fenómeno. ¿qué es lo que destruyen, qué es eso de lo que se nos priva principalmente a los jóvenes? El arte, la cultura, los espacios recreativos y las materias humanísticas. Sí en realidad a toda la juventud, incluyendo a los de las demás edades, se nos enseñara, sin tapujos, el arte y la cultura, si se construyeran espacios donde podamos ejercer cualquier arte, si las humanísticas se enseñaran con del marxismo-leninismo seguramente tendríamos un pueblo consciente y organizado que llevaría a su país por el camino del progreso, que no se “tragaría” cualquier palabrería política. Y esto querido lector, no es una utopía, es una posibilidad si ponemos manos a la obra, porque está ya demostrado que ni el mismo Presidente de  México, a pesar que le dan propiedades de mesías, va a cambiar nuestra situación como país.

A continuación, voy a citar las primeras líneas de la introducción del libro “¿Qué es la sociedad?” de Martha Harnecker: “Las revoluciones sociales no las hacen los individuos, las personalidades, por muy brillantes o heroicas que ellas sean. Las revoluciones sociales las hacen las masas populares. Sin la participación de las grandes masas no hay revolución”.

Este periodo de cuarentena, son tiempos para darnos cuenta de la capacidad que tenemos como individuos y como sociedad para afrontar la situación y descubrir como obra el capital, veamos como algunas empresas trasnacionales no cierran sus negocios aún, pareciera que es más importante vender sus mercancías a que los estudiantes reciban su educación el escuelas porque las primeras no dejan de producir ni vender, mientras las segundas están cerradas para evitar contagios por el Covid-19.

Claramente ponen al desnudo sus mezquinos intereses, su codicia de ganar y ganar, su interés de desplazar a los pequeños empresarios, porque muchos de estos últimos si fueron conscientes de la pandemia y se sumaron al llamado, ¿dónde está la autoridad del estado para hacer cumplir el llamado sanitario?  Veamos también que por la desigualdad económica provocada por el capitalismo no todos los mexicanos podemos afrontar el problema con las medidas implementadas pues mucha gente que vive al día tiene que salir a trabajar y asegurarse el sustento diario para la comida.

Hay que aprovechar esta tempestad, es momento de tomar conciencia y darnos cuenta cómo es que funciona el capitalismo, y preguntarnos que si así estamos bien o falta algo qué cambiar en este país. Pero esto hay que analizarlo de forma científica, hay que estudiar las obras de economistas y filósofos de renombre  para  dar una respuesta en defensa de las mayorías empobrecidas, que son quienes sufren las consecuencias del capitalismo que en su afán de ganancia destruye el planeta y rompe el equilibrio ecológico poniendo en riesgo a la población mundial como ahora sucede con la pandemia.

Por eso, amable lector, te invito a analizar esta situación: ¿está bien la postura de AMLO ante la contingencia? Por qué las grandes empresas no cierran sus negocios? ¿ante la desigualdad económica de México se puede hacer frente al problema de salud? ¿debemos vivir siempre sin hospitales ni medicinas?

Yo creo que una vez superado el problema actual debemos exigir que se destinen recursos para la construcción de centros médicos de especialidad estratégicamente ubicados y equipados con la tecnología moderna, con personal capacitado para hacer frente a futuros problemas porque no podemos pasar otra pandemia como la del Covid 19 con un gobierno federal muy lento, indiferente y hasta ridículo presentando amuletos e imágenes de santos para que nos protejan.

Dejar respuesta